Augurio
diciembre 06, 2007
Ahora que estoy viéndote desnuda,
me hueles a guitarra de amaranto;
tu luz extiende un exquisito encanto
en cada lampo que a mi piel se anuda.
Tu estatua de libélula es la aguda
simiente de mi férvido estrofanto,
y aunque cierre los ojos me atalanto
de tanta desnudez que el viento exuda.
Ya sé que solamente un cuerpo invicto
puede quedar desnudo en mi cabeza
mientras lo nubla un paño de algodones.
Pero qué puedo hacer si soy adicto
a desnudar soñando tu belleza
y en el sueño exigir que me aprisiones.