Yo sin casa y con la lluvia
que desde el primer punto de mi origen
me atormenta,
nunca he tenido casa pero amo
en todo tu castillo horizontal,
en tus balcones firmes y desnudos,
en tu calabozo umbilical e iluminado,
en cada muro traspasable
que hay en ti,
cada escala que hay en ti,
cada peldaño
que te forma y edifica,
fundada para amar,
amo esa delicia
porosa de tus bardas,
esas enderezadas estructuras
con las que soy tocado y encendido,
esas torneadas torres
que son para ascender hacia tu aroma,
y el candente espacio
entre una torre y otra torre,
y la distribución de tus entradas,
y tu mojado pasadizo
que te une
con el centro de la tierra,
matizada con el cielo,
amo las pesadas nubes
que te cuelgan
con una exactitud de malvavisco,
con una elegancia equivalente
a la del Taj Mahal,
yo te beso los mármoles
oscuros y carnales,
esos bloques
por donde escurren líquidas piedritas,
te lamo las goteras sudoríparas,
te manoseo las cúpulas,
te manoseo las habitaciones,
la alberca, los vergeles,
chupo tus faroles carnidulces,
tus nasales ventanillas, tu tabique,
ondulado edificio,
amo tus banderas despeinadas,
he venido a blandirlas,
me nace un jardinero en cada mano
porque te sacudo
la hierba púbica y de pronto
saltan lepidópteros de ti,
he venido,
hormigueante y silencioso,
a pasearme en tu columna,
tus pasillos en relieve,
tu sumisa fortaleza,
tus ventanas lagrimales,
tu múltiple tejado capilar,
oh, tibia,
palpitante construcción,
yo te campaneo las capillas
palatales y linguales,
y huelo tu rosada chimenea,
la más quemante y honda
de tus fuentes,
y abro la dulzura
de par en par en tus cortinas
menores y mayores,
venero tu piedra aguda,
genital, clitoridiana,
y, silabeante y armonioso,
en tus tragaluces tragarruidos
me simplifico en un murmullo,
oh, cuánto palacio,
cuánto tiempo
de vivir tan sin hospicio,
a la espera de una casa
donde amar tus puentes y tus chorros,
la circular arquitectura
de esa elevación trasera,
doblemente abundante, dividida
en dos nalgáreos hemisferios,
ese sótano punzante,
esa ventilación que me trasnocha,
esas ardientes y suavísimas
almenas, esos arcos
axilares, esa alcoba
húmeda, lenguante y entreabierta,
donde flores y más flores
se hospedan nada más en sólo un pétalo,
esos otros tantos íntimos
recodos que visito,
oh, vengo sin casa,
vengo lluviabundo porque amo
tu suelo, tus paredes y tu techo,
tu techo luminoso,
frontal y despejado,
tu suelo que me escalda
con su humedad salobre,
tus paredes,
tus paredes vaginales, amo todo
tu castillo horizontal,
nunca he tenido casa pero amo
cada una de tus puertas
aceitadas y bulbosas,
amo cada una
de tus profundidades,
la lluvia queda atrás,
te amo abierta
porque no he tenido casa,
no.